¿Eres un iceberg?
Hace unos años Sigmund Freud, famoso psicólogo y fundador de la polémica escuela Psicoanalítica, expresó que el ser humano podía muy bien ser comparado a un iceberg.
Un iceberg es una masa flotante de agua dulce congelada proveniente de numerosos desprendimientos de glaciares y que tal como los estudios indican, mantiene entre un 85 a un 90 por ciento de su volumen bajo agua. Solo vemos un poco de la masa congelada y su mayor parte es a veces ignorada por las naves que han colapsado y naufragado al impactar contra uno de esos témpanos de hielo.
La historia más famosa, (ya que no se puede mencionar la palabra “iceberg” sin recordarla), es la del emblemático Titanic. Al chocar contra un iceberg, naufragó, pasando a la historia, junto a sus tripulantes fenecidos, como un lego de las catástrofes inolvidables.
Una versión de los hechos afirma, que ante el aparente tamaño del iceberg contra el que la embarcación se abalanzó, el capitán subestimó su inminente firmeza. Desconoció y pasó por alto el gran porcentaje oculto.
Cuando Freud habló sobre esa gran parte oculta cual iceberg en nosotros, se refería al subconsciente en contraste a lo poco de lo que, según él, tenemos conciencia (consciente). Yo en cambio llevo esta reflexión a otro terreno.
El terreno de lo que somos en comparación con lo que mostramos.
¿Qué parte de nosotros es manifiesta? ¿Qué porcentaje de nuestras actitudes, motivaciones, pensamientos, ideas y deseos están tan escondidos como la gran masa oculta de un iceberg?
Y al caminar por la vida veo además otro tipo de personas, aquellos que a diferencia del iceberg, (cuya parte oculta es sepultada por las aguas), sepultan lo que en realidad son, debajo de la careta de sus propias acciones. Escondidos, no en las aguas de sus circunstancias, sino en sí mismos.
¿Qué piensas de ti y qué piensas de los demás en vista de lo que tú eres?
A lo mejor eres como un iceberg.
Quizás no.
Pero una cosa es cierta: La virtud de la transparencia está en extinción, y muere diariamente celada por nuestro propio deseo de ser valorados y aceptados por lo que se ve de nosotros y no por quienes en realidad somos.
© Por Lenin Almonte. El Blog de Lenin Almonte
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