Líderes e Iglesia
Si retrocedemos en los anales de la historia hasta el período de la reforma, veremos un detalle sumamente interesante: Este acontecimiento inició toda una época de desarollo en muchos aspectos que por años habían estado cerrados al pueblo común y un modelo jerárquico de liderazgo político-religioso soltó varias esferas de su poder.
Del siglo XVI en adelante la iglesia enseñó al mundo de qué se trataba el liderazgo, y la palabra clave aquí es: SERVICIO.
Europa y Occidente fueron marcados por este “nuevo modelo” de liderear; patrón que al rebuscar, lo encontramos en las Escrituras, lo prefiguramos en el mismo Jesús y cuya definición parafraseada es: Líder es el que sirve.
Este lado del mundo fue rubricado por el servicio, quedando los sistemas déspotas e hipócritas en enrtedicho y beneficiándose de este cambio de paradigma la sociedad que recibía los nuevos cánones en forma de disponibilidad de educación para las grandes masas, el orígen de las escuelas de capacitación así como también de los institutos vocacionales y aún de los mismos orfanatos.
Liderazgo es servicio.
Los “lideres”que recibían las miradas de la sociedad y de la iglesia eran hombres que arriesgaban sus vidas en aras de conseguir tanto justicia social como alcance con las buenas nuevas de salvación de lugares recónditos y tribus que representaban peligro inminente a la integridad física de estos mismos hombres.
Lo grande de todo esto, es que muchos de los que murieron sirviendo a esta humanidad por amor a Dios y a sus prójimos, lo hicieron con tal humildad, que en boca de estos mártires encontramos palabras tales como: “No encuentro que he hecho lo suficiente por mi Cristo” o “Es un placer servir a Dios con mi vida pero mayor gozo es sufrir por causa de Él si decidiese llevarme de este mundo”. Liderazgo. Servicio. Gente de la que este mundo no era digna (Recordando Hebreos 11)
C.H. Spurgeon repudiaba la palabra líder porque a su entender el ser cristiano tenía que ver más con entregar su servicio a otros, que utilizar a otros para su servicio. Él prefería usar la palabra siervo para aquellos llamados por Dios para labores de formación y enseñanza de otros.
Hace unos años, recuerdo un debate suscitado en relación con tal postura del predicador inglés, en una clase sobre gobierno de la iglesia, en aquella ocasión mi posición frente al argumento de Spurgeon fue, que el problema de malos ejemplos en el liderazgo no se trataba de un problema de lingüística, sino de motivaciones, pero tenemos que entender su contexto y con esto, comprender además el becerro de oro que el conocido predicador pretendía desmenuzar. Esa clase de concepciones de los pastores de antaño es la que hoy nos hace pensar.
Los “líderes” no consideraban sus éxitos cosas vanas como el aparecer en portadas de revistas como pastores de influencia, el liderazgo no era medido en número de asistentes a un edificio, sino en valor, valentía y entrega por alcanzar los inalcanzados o en su defecto la humildad con la que caminaban una vida ejemplar delante de su propia comunidad.
Pero como cantaba Emmanuel: “Todo se derrumbó”
Quizás no todo, pero me remonto al pasado, (no por la corriente que piensa que todo tiempo pasado fue mejor), para que veamos en paralelo como hoy la torta se ha volteado y la sociedad, el mundo, hoy le “enseña” a la iglesia sus métodos de liderazgo, y la llamada iglesia aplaude.
¿Qué tipo de liderazgo ha permeado la iglesia hoy?
La iglesia ha sido sacudida por el liderazgo empresarial, siempre coronado por el pragmatismo, donde el pastor ya no es pastor, es un administrador.
Escuché alguien decir en una famosa conferencia mundial que la iglesia no necesita pastores, que lo que necesitamos es gerentes.
¿De verdad?
¿Lo que los cristianos en sus comunidades necesitan son gerentes y no pastores?
Los asistentes a la afamada conferencia de liderazgo gritaban amenes en señal de asentimiento y la explicación que le doy a esto es sencilla. He aquí como lo veo:
El mundo busca la fama, la vanagloria de la vida y manejadores de sus sentimientos de culpa que les distraigan o entretengan con informaciones “positivas”. Un gran grupo de personas han amontonado maestros que le prediquen conforme a sus concupiscencias. Han construído un monigote y le han puesto por nombre “dios” (Bubber), un dios a su imagen y semejanza, creado por ellos mismos, adoran eso que han creado, han comprado edificios para escuchar sus “evangelios” privados, falsos evangelios donde Cristo no es el tesoro y donde el centro es el ser humano y los asistentes se sienten felices porque a esos edificios le han puesto un letrero bastante grande en el frente que dice: Iglesia.
A eso que acabo de describir y que le llaman iglesia, el mundo no le respeta, el hombre postmoderno no le ve su voz profética, porque su mensaje está comprometido con lo mismo que el mundo busca (pero que no necesita), lugares donde no hay cruz ni riesgo social en asumir el camino que se propone. Muchos empresarios, hombres de negocios, mercadólogos, entre otros, sienten que en vez de ser enseñados, ellos pueden darle clase a este muñeco que simula ser cuerpo vivo.
Eso que muchos le llaman iglesia, no se conforma con servidores que le guíen y le apacienten, sino con caciques o mandamaces que disfrazados de bufones le llenen su “circo”.
Y en esto estoy de acuerdo: Si son empresas necesitan gerentes y negociantes habilidosos. Pues, sólo la iglesia, formada por los redimidos por Jesucristo ruega para que Dios le de pastores.
Pastores que entiendan su papel de servidores.
“Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.” Hechos 20:28
En la siguiente entrega trataré la causa, que anidada en el deseo de grandeza de muchos pastores e iglesias, hace que muchos corran tras los gurús del sistema mercadológico y emocional del mundo en busca de pautas cuestionables de guianza ministerial. Tiene nombre y apellido, se llama: Iglecrecimiento.
© Por Lenin Almonte. El Blog de Lenin Almonte
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